Conocí a Wendy Guerra gracias a un suplemento cultural. La reseña de su obra, además de su admiración por Anaïs Nin, me dejó intrigada y no pasaron más de dos semanas antes de comprar un par de sus libros. Empecé con la novela "Todos se van", y una en vez en mis manos-o será ante mis ojos- no pude parar. Debo confesar que el lenguaje tan inocente y al mismo tiempo tan crudo, además de drenar mis lagrimales, me obligaron a aventar el libro un par de veces, presa de la indignación y del más profundo NO MAMES! Pero en unas horas había logrado terminar el libro, lo cual es muy raro en mí. Sigo sorprendida de la fuerza que la honestidad y la sencillez le da a las frases. Yo siempre he logrado esconderme entre la ambigüedad del lenguaje. Wendy me incomodó y desnudó con su franqueza.
No pretendo hacer una reseña del libro ni mucho menos, no soy quien para hacerlo. Quiero explorar lo que en el libro puedo encontrar de mí:
"Mi madre dice que un día ella se va a derrumbar como el muro(de Berlín), porque no tiene fuerzas para levantar otro, ella sin muros no sabe vivir, el muro es su barricada, en él se protege aunque lo odie, allí vive detrás de él." Creo que en esto momentos esta frase me viene como anillo al dedo. Voy a terapia para derrumbar todos los muros que he ido contruyendo a lo largo de mi vida para, según yo, protegerme. Hoy, no los quiero más, no creo necesitar protegerme más de esta forma, y me doy cuenta que más que resguardarme, me han aislado. Sin embargo no he logrado-o no he querido-ni siquiera hacer un hoyo pequeño, una que otra sacudida sin duda, pero no más. Y aún así me muero de miedo. ¿Qué haría yo sin mis muros?, ¿A dónde iría?, ¿Quiero ir a otro lado? ¿Sabría como andar en estas nuevas condiciones?
Benditos muros malditos, nos sentimos tan libres en el cerco que crean, que la libertad total parece un verdadero encierro. O sólo es miedo....
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